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La Hoja del Lunes se hace eco del artículo de nuestro Presidente

15/5/2023

Nuestro presidente, D. Javier Martínez Marfíl, ha escrito un artículo «¿Por qué no familias numerosas?» que nos han publicado en La Hoja del Lunes

Parece que algunos se obstinan en repetir sus errores. Después del estrepitoso fracaso de la ley del “solo sí es sí” que ha sembrado la inseguridad jurídica avergonzando a los propios promotores de la reforma legislativa, y que se ha intentado remedar a costa de la quiebra de la coalición gubernamental, el Gobierno ha decidido tramitar —con carácter urgente, eso sí, como si se tratase de cuestión inaplazable que no mereciera un debate público sosegado y reflexión—  la nueva Ley de Familias. Y lo hace, como en el caso de la modificación del Código Penal sobre delitos sexuales, desoyendo una vez más los informes de los organismos técnicos y sus autorizadas opiniones (Consejo de Estado, Consejo General del Poder Judicial…),  en una materia tan importante y de tanto calado como es la protección de la familia, que es el principal apoyo del individuo y el eje en el que se asienta la sociedad.

La supresión de las familias numerosas como concepto y la filosofía que rezuma el anteproyecto son tributo de una rancia concepción excluyente, propia de extremismos ideológicos, que si bien es concebible en partidos de extrema izquierda como el que la promueve, resulta inadmisible como principio en el proyecto de un Gobierno centrado y preocupado por sus ciudadanos.

La ley en tramitación establece unas diferencias de trato que desmienten el carácter inclusivo que anuncia su exposición de motivos, perpetuando situaciones de discriminación que vaticinan unos efectos negativos en la natalidad, que, con el tiempo, van  a resultar difíciles de revertir.

Probablemente, el cálculo electoral estará hecho y se augurará un rendimiento adecuado. El proceso de fagocitación de la izquierda más radical seguramente pase por usurpar y abanderar sus postulados ideológicos, aunque como efecto colateral se lesionen los derechos de las familias numerosas; sin embargo, esos postulados, construidos desde realidades minoritarias, aunque ruidosas, poca rentabilidad electoral pueden ofrecer cuando se ensalzan a costa de postergar y dañar a otras realidades que sí reflejan una mayoría social efectiva.

En el anteproyecto que se encuentra en tramitación parlamentaria se establece un amplio catálogo de posibles relaciones familiares, pero, sorprendentemente, se anuncia la supresión de las familias numerosas como realidad jurídica. Se suprime la posibilidad de otorgar títulos de familia numerosa en el futuro, pero se instaura la obligación de expedirlos para las familias monoparentales. ¿Alguna explicación para esta diferencia de trato? ¿Dónde queda esa voluntad integradora de los distintos modelos familiares? ¿Cuál es la razón por la que se integran unas formas de convivencia pero se suprime —porque sí—  a las familias numerosas que son un modelo familiar que cuenta con un arraigo social y jurídico mucho mayor?

La única respuesta imaginable sólo puede obedecer a la enciclopédica ignorancia, madre de infundados prejuicios, que tienen nuestros dirigentes sobre la realidad actual de las familias numerosas, confundiendo esta categoría con los estereotipos que reflejaban las películas del gran Paco Martínez Soria el siglo pasado y que les mueve a aplicar los criterios de “cancelación”, propios de la ideología woke, con los que demuelen sistemáticamente los pilares del pluralismo y la libertad ideológica.

La realidad actual de las familias numerosas es muy distinta a esos estereotipos de matrimonios con más de ocho hijos, aunque también existen y merecen el mayor de los respetos y reconocimiento. En la realidad actual de familias numerosas encontramos familias con varios hijos, otras con menos hijos aunque con necesidades de apoyo, familias reconstituidas, nacionales y extranjeras, huérfanos, monoparentales por viudedad o diversas circunstancias, con rentas altas y bajas…, que integran, según los datos del Ministerio, un total de 754.645 familias, de las cuales, hay asociadas más de 51.000.

¿No merecen estas familias que se respete su identidad y su idiosincrasia?

La respuesta de los promotores de la ley es un NO rotundo a la anterior pregunta, que no es en absoluto retórica. Seguramente ese efecto buscado de propósito obedece a  la voluntad de aniquilar grupos que muestran una fuerte cohesión asociativa (como es el caso del vigor que mantienen las asociaciones de familias numerosas y las federaciones autonómicas y nacional). Tanto unas como otra, cuentan con una robusta tradición representativa y un número significativo de asociados, lo que les convierte en interlocutores fuertes a tener en cuenta en el diálogo social, algo que resulta molesto en los modelos de imposición ideológica en boga.

En nuestro entorno cercano, otros países europeos, sin los prejuicios que en España campan a sus anchas, las familias numerosas tienen reconocida su sustantividad y estatus propio. Es el caso de Francia, Portugal, Italia, Grecia, Bélgica…; y en España pretendemos distinguirnos por su abolición, alejándonos de los modelos vecinos.

En realidad, la supresión de las familias numerosas pretende sustituir una visión fortalecedora del crecimiento social, con independencia de la renta, por una perspectiva de subsidios y de mínimos, es decir, se desprecia el fomento objetivo de la natalidad, a pesar de ser un elemento esencial en el relevo generacional y en la sostenibilidad del sistema de solidaridad intergeneracional y de pensiones, y se cambia el paradigma para considerar la natalidad desde una perspectiva meramente asistencial y de rentas mínimas.

Una vez más late la convicción de que “siempre habrá ricos que paguen”, pero esto es un error. Si no hay hijos, no habrá ni ricos ni pobres, pues a quien les falten los recursos tampoco les cuadrarán las cuentas, aunque reciban algún subsidio, para ser generosos en la paternidad y en la maternidad. Sencillamente, no habrá futuro. No parece razonable sacrificar a las familias numerosas para satisfacer unos prejuicios ideológicos erróneos e infundados y que conducirán a efectos no deseables en la ya maltrecha natalidad de nuestro país.

También los partidos nacionalistas han cuestionado el anteproyecto, aunque por razones diversas. Básicamente, aduciendo invasión de las competencias autonómicas en materia de familia, lo que da cuenta en todo caso de la falta de debate y de consensos que requeriría la aprobación de una normativa tan trascendente. Además, nos parece que no se han valorado correctamente las dimensiones en la estimación de que esta medida resulte inocua o rentable desde el punto de vista electoral.

Comienzan las elecciones y desde las asociaciones de familias numerosas y desde las Federaciones, en la convicción de que esta cancelación no es razonable ni justa, haremos lo que esté en nuestra mano para evitar que se consume la supresión de las familias numerosas.

Javier Martínez Marfil, presidente de ASAFAN

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